Por azares del destino mi relación con el trabajo editorial parece que ha ido creciendo (digo trabajo editorial para que se escuche bien bonito, porque en realidad soy un mero troquel). Con varios proyectos en cocción y otros tantos todavía en receta, le he ido tomando gusto a la producción de publicaciones periódicas. Y como todo lo que me gusta, termino dándole vueltas para tratar de entender su consistencia epistemológica (ajua!, si también me cargo mis palabras domingueras), material y sucedánea. Diganse en otras palabras: me gusta encontrarle el hilo negro a las cosas que por naturaleza son blancas.
Varias preguntas (me) han surgido sobre la continuidad de los dos proyectos en los que hasta ahorita participo (o digo que participo), algunas sobre el medio de transimisión y otras sobre el bagazo que debe contener el significado de la publicación. Que si debe ser de tal o cual manera o cómo debemos de abodar el tema de allá o de acullá.
Si bien no he obtenido respuestas de ninguna de las preguntas que he (o me han) formulado sobre las publicaciones, he logrado tener una visión más clara de lo que significa hacer una revista (más allá de la relación palabra-imagen) en las dimensiones de su materialidad y su inmediatez.
La revista es el punto intermedio entre el libro y el periódico, es el comodín: es más inmediata que el libro, pero más trabajada que el periódico. La revista se redefine con los nuevos medios (los electrónicos), por lo que es distinto leer una revista en papel gouché que leerla tras (o en) la pantalla de un monitor. La revista es material, conceptual, veloz pero perecedera.
La revista es un cristal con diversas caras, funciona a veces como lente, a veces como prisma y otras tantas como tope de puerta. Su dinámica entre la inmediatez y la "perpetuidad" revela a la publicación una capacidad de ser y no ser varias cosas al mismo tiempo, permitiendo una cantidad de lecturas considerable dependiendo de la dimensión de la cual se le aprecie.
Pero como alguien ya lo dijo mejor que yo, cito:
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El espacio 'real' de las publicaciones periódicas del último siglo se ha expandido hasta volverlo uno más de los espacios ambiguos, híbridos, indefinidos, de las prácticas culturales contemporáneas.
De este modo puede ser leído como:
1) un espacio público por el radio de su distribución y la amplitud de su lectura.
2) un espacio ideológico (afirmativo o crítico) acorde al despliegue conceptual de los textos que la conforman.
3) Un espacio gráfico por la capacidad de generar (en el juego tipográfico, de imágenes y espacios blancos) lecturas, desdobles, dobleces visuales.
4) un espacio comercial donde cualquier imagen o palabra se convierten en publicidad.
5) una red por los nodos y el trazo de relaciones por las que la información fluye y los sentidos que se conforman.
6) un formato cuya sintaxis, al mismo tiempo, subraya la lógica de la linealidad racional o la ruptura surrealisa de la yuxtaposición.
7) un medio de reproducción industrial que centra las prácticas productivas de la sociedad en la reproducción.
8) un discurso argumentativo que abre el espacio a la legitimación o al análisis.
9) un espacio de poder que afirma la verticalidad o intenta redistribuir un capital cultural.
10) un soporte del arte al reproducido, legitimarlo o convertirlo en proyecto.
11) una práctica cultural localizada en una comunidad determinada.
12) una tendencia de la moda.así, las publicaciones son uno más de los medios que son mensaje, de los simulacros o de esos procesos que mediatizan cualquier práctica cultural
"
// velocidad crítica 78, julio 2005, mty, nl.


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