Tuesday, August 02, 2005

Agosto 2, 00:12 a.m.

Monterrey para un escalador difunto


"Aún me persigue Alicia como un espectro que se agita bajo los cielos nunca vistos por ojos despiertos."
- Kira


Somos flores con pistilo de amapolas y pétalos de sándalo. Somos un espacio natal de nuestros demonios y nuestras ninfas. Sómos númenes. Sómos sílabas y silbidos componiendo un silencio.

Y más allá, somos un danzón con sombras de puñales y uno que otro raspón de tinta mimiográfica.

Somos escritores, unos por vocación y otros por penitencia, pero necesitamos la tecla en nuestro santuario.

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La semana pasada terminó uno de los módulos del taller de verano del Museo de Historia. Una pequeña niña de ojos negros (que decimos que se parece a una de nuestras compañeras) resultó ser hija de un conocido escritor neolonés/nuevoleonés (tan conocido que nunca lo había escuchado diría mi inconsciencia) llamado Felipe Montes (ó Jelipe para los que nos gusta faltarle respeto a las figuras [de acción] públicas).

Jelipe (ó Jeli para abreviar y aumentar la afrenta intelectual) resulta ser conocido mío (aunque no yo de él) desde mis años mozos (o mohosos) de la secundaria. Primero fue tallerista de un amigo mío, luego fue jefe de una amiga y ahora es el papá de una de las "alumnas" del taller. Como era de esperarse, siempre que reconozco a una personalidad me terminan haciendo el favor de saludarme. Al menos lo hizo de manera atenta así que terminó por resbalárseme (la indiferencia, no crean que otra cosa, aún no llego a tanta confianza). Lo que fue peculiar fue cuando se despidió terminó su frase con una sola palabra, concisa y contundente: escribe.

Para no hacer el cuento largo y divagar en pendejadas (no hay palabra más precisa para esto), me recordó mucho a mi maestro de dibujo y gráfica que siempre que me ve me dice que cómo va el dibujo. Chales. Dibujo y escribo y me recuerdan de tiempo en tiempo que tengo que seguir haciéndolo. Hasta parece manda.

Empezar a escribir por escribir tiene su chiste. Dice una amiga que lo más importante y sorprenderte es el valor a enfrentarte a un papel en blanco (o cuadro de texto, en este caso). Vencer con la tinta (o la tecla) el vacío es lo más difícil que hay. En mis propias palabras es como asesinar el papel y hacer que sangre en palabras.


Me rodeo de escritores (o asesinos, depende del gusto). Desde cuentistas, escritores de cadenas electrónicas hasta poetizas y filósofos del morral. Sin embargo mi promedio de escritura baja considerablemente con el tiempo.

Primero escribía del sopor sentimiental. Después del sopor intelectual. Y ahora escribo sobre el sopor en si mismo. Vacío.

Una declaración tan contundente de parte de un escritor de la talla de Montes debería ser un catalizador suficiente para impulsarme. Sin embargo no me queda mucho de que escribir (sino revisen este escrito).

Hace poco gracias a las ideas del Posmonauta aparecí en Velocidad Crítica. Y no pasó nada. Publiqué en un fanzin, y no pasó nada. Publiqué en la revista de la UdeM, y no pasó nada. Participé en un par de revistas desde la edición hasta la publicación y es fecha que no pasa nada. Escribí metástasis y escribo ahora y estoy seguro que no pasa nada.

Se supone que la vocación del escritor son las palabras, pero a veces estas se vuelven un fastidio.

El Posmonauta contaba que la velocidad de las palabras y la firmeza (o frialdad) de la descripción cuando se escribe un reportaje para cierto periódico reconocido son una trinchera sin fondo para la poesía.

Lo que me pasa en esta ciudad es que parece que no encuentro lectores más allá de los que tengo cautivos de mi propia obsesión (sí, me refiero a ustedes).

Escribo por la enferma manía de escribir, pero eso no me exime de ser un simple letrista (no letrado) transitorio. La escritura se vuelve síntoma y como tal se vuelve canal y no flujo.

La poesía se vuelve basca y el papel o el bit el papel higiénico. Si algún día me dan permiso de volver a nacer voy a pedir ser David Huerta, al menos así voy a conocer al Paz que está detrás de los muros.

Tengo la manía de escribir pero no tengo la manía de escribir para los lectores. Dibujo letras con aspiraciones a poesía pero olvido la velocidad: hay que meditar las letras, no las frases.

Escribe. Helo aquí.

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Tomemos el ejemplo de la luna.
Una sílaba aspirada en ventiocho.

Tomemos el ejemplo del sol.
Una letanía que no cede.

Partiendo de la noche me queda la lluvia,
partiendo del día me quedo sin sal.

Piensa en la cadencia del humo y verás el universo
Aspira la cal y evitarás las hormigas.

Dadá se queda conmigo
Dios es todo tuyo.

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Produccciones Featheración S.A. de C.V.

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